viernes, 26 de mayo de 2017

Los gatos en mi vida (segunda parte)

Ya anteriormente comenté acerca de mi pasado como dueña irresponsable de gatos. No es algo de lo que me sienta orgullosa. Quizá solo puedo decir a mi favor que lo hacía por ignorancia. No sabía que permitirle a los gatos que anden en la calle pone en riesgo su vida. No sabía de la esterilización de mascotas.

La muerte de Misho y Toy me hizo pensar que lo mejor era no tener gatos; además a mi mamá no le gustan los gatos. Sin embargo, los gatos seguían apareciendo en mi vida. Una vez una prima y su familia encontraron a un gato bebé en la calle y me lo llevaron, "para ver si yo lo quería"; pero la cara de mi mamá me orilló a tener que decirles que no lo podía aceptar. Quién sabe qué habrá pasado con ese gatito, quién sabe dónde lo dejarían porque a ellos tampoco les gustaban los gatos.

Luego hubo una época en la que una persona llegó a rentar una casa cercana a la de mis papás y al parecer también le gustaban los gatos, tenía muchos en su casa. No sé si los "recogía" de la calle o era una hembra que no estaba esterilizada y frecuentemente tenía crías. O eran de otro vecino y él los protegía. El caso es que como él trabajaba casi todo el día, los gatos andaban en la calle y mi papá les dejaba agua y comida en la banqueta, por lo cual los gatos hacían guardia en la casa de mis papás. Era común ver bastantes gatos, por la mañana y al atardecer, frente a la casa de mis papás. Desafortunadamente algunos vecinos los envenenaron.

También se presentó el caso de los gatitos abandonados en la azotea de la casa que está a lado de la de mis papás, los cuales rescató mi papá y los alimentamos con biberón. Me parece que en ese tiempo yo ya me había casado y llegaba en las mañanas a ayudar a mi papá con los bebés. Ya había escrito sobre ellos aquí. 

Después recuerdo que llegó a mi vida un gato blanco. No recuerdo cómo fue su llegada, pero me acuerdo que era pequeño y salía con él dentro de una bolsa y lo dejaba en casa de mis papás cuando me iba a trabajar. Tampoco me quedé con él. Al poco tiempo se lo llevé a un tío y su familia que vive en Cd. Victoria, Tamaulipas. A sus hijas también les gustan los gatos y también tienen muchos porque los han rescatado de la calle.

Ahora me doy cuenta que los gatos llegaban a mi vida y lo que yo hacía era cederlos. Si acaso había una razón por la cual un gato tenía que estar en mi vida, yo no lo había comprendido y los seguía alejando de mi.

El siguiente caso fue de un gatito casi recién nacido al cual dejaron frente a la puerta de la casa de mi tía. Lo dejaron en una caja de zapatos, con una telita y croquetas. Siempre he pensado que quizá fue un niño al que sus papás obligaron a deshacerse del gatito y dentro de su ingenuidad y desesperación trató de buscarle protección.

Desafortunadamente el gatito era demasiado pequeño, lo que necesitaba era leche materna. Pese a todos los esfuerzos que hicimos, el gatito se la pasó gritando. No sobrevivió quizá ni un día con nosotros. Esta vez ya ni siquiera tuve tiempo de cederlo. Quizá con él ya me había hecho a la idea de que iba a ser para mí; pero esta vez no se me permitió.


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